La ayahuasca quiere desprenderse del estigma: del imaginario del chamán al acompañamiento psicoterapéutico
Durante años bastaba pronunciar la palabra ayahuasca para que aparecieran las mismas imágenes como la de un chamán en mitad de la selva amazónica, rituales ancestrales, experiencias místicas o, incluso, sectas. Hoy, sin embargo, ese imaginario empieza a resquebrajarse.
El renovado interés de la comunidad científica por los psicodélicos, con investigaciones impulsadas por centros como Johns Hopkins University, Imperial College London o Hospital Sant Joan de Deu sobre su posible aplicación en el tratamiento de patologías como la depresión, las adiciones o el trastorno de estrés postraumático, está cambiando la conversación. Sin perder de vista que la evidencia científica sigue siendo limitada y que la investigación continúa en marcha, cada vez más especialistas reclaman diferenciar entre el uso tradicional de estas sustancias y los modelos de acompañamiento que incorporan criterios psicológicos, éticos y de seguridad.
Ese cambio también empieza a trasladarse fuera del ámbito académico. España se ha convertido en uno de los países europeos donde más ha crecido la oferta de retiros vinculados a la ayahuasca, un fenómeno que ha abierto un debate sobre la necesidad de profesionalizar el sector y dejar atrás algunos de los estereotipos que históricamente lo han acompañado. En España es donde más retiros se hacen en Europa pues aquí la ayahuasca no es ilegal, como así lo confirmó el Tribunal Superior de Justicia de Madrid en julio de 2025 en el que se aclaró que solo el DMT en su forma sintetizada es ilegal.

“Durante mucho tiempo la conversación se ha centrado en el chamán, cuando la verdadera protagonista siempre debería ser la persona. Nuestro trabajo no consiste en sanar a nadie ni en convertirnos en referentes espirituales. Somos facilitadores de un proceso que pertenece exclusivamente a quien lo vive”, explica Sergio Sanz, psicólogo general sanitario y director de Escuela Floresiendo en Europa con 12 años de experiencia organizando retiros en diversos países del mundo y con sede principal en Barcelona.
Lejos de la imagen del guía que posee todas las respuestas, Sergio Sanz defiende un modelo de acompañamiento que sitúa el foco en la autonomía personal. Una visión que rompe con una de las ideas más extendidas sobre este tipo de experiencias como es la de que la transformación depende de quien dirige el retiro o, incluso, de la propia ayahuasca.
“La ayahuasca no hace milagros ni tiene respuestas. Si una persona cambia no es porque una planta la haya transformado, sino porque encuentra un espacio para mirar hacia dentro y realizar un trabajo que solo ella puede hacer”, sostiene el psicólogo general sanitario y director de Escuela FloreSiendo Sociedad Limitada Profesional (SLP) dedicada al área sanitaria.
Precisamente esa es una de las principales diferencias entre los enfoques tradicionales y la corriente que comienza a abrirse paso en Europa. Ésta es que el valor ya no reside únicamente en la experiencia, sino en el proceso posterior de comprensión e integración. Sin ese trabajo, advierten quienes trabajan desde una perspectiva psicológica, cualquier vivencia intensa corre el riesgo de convertirse únicamente en un recuerdo impactante.
Otro de los prejuicios que sigue pesando sobre este ámbito es la asociación automática entre los retiros de ayahuasca y las dinámicas sectarias. Para Sergio Sanz, esa identificación responde en gran medida al desconocimiento: “Una secta genera dependencia, rompe vínculos y sitúa a una persona o a una organización en el centro de la vida del individuo. Nosotros buscamos exactamente lo contrario y es que quien participa recupere autonomía, fortalezca sus relaciones y continúe su camino sin depender de nosotros”.
También este experto rechaza una visión simplista que identifica la ayahuasca exclusivamente como una droga recreativa. Aunque contiene compuestos psicoactivos, este psicólogo especializado en clínica y psicoterapia asistida con psicodélicos de Escuela FloreSiendo recuerda que su utilización en determinados contextos de acompañamiento nada tiene que ver con el consumo orientado al ocio y exige preparación, criterios de selección, seguimiento y responsabilidad: “El ayahuasca no es una sustancia para evadir la realidad, sino para confrontarte con ella. No anestesia lo que sientes, sino que te ayuda a despertar. No activa los circuitos de recompensa dopaminérgicos por lo que no genera adicción y tampoco tolerancia. Y, además, tampoco deja resaca ni destruye neuronas. De hecho, se ha descubierto que fomenta la neurogénesis (crecimiento de nuevas neuronas) y la neuroplasticidad de nuevos aprendizajes”.
El creciente interés por la salud mental y la búsqueda de nuevas herramientas terapéuticas han llevado el debate sobre los psicodélicos mucho más allá de los círculos científicos. Lo que hasta hace unos años era un tema prácticamente relegado a la investigación o a determinados entornos alternativos ha llegado incluso al Congreso de los Diputados. El pasado 13 de febrero, la Cámara acogió la primera jornada parlamentaria dedicada a las terapias asistidas con psicodélicos, un encuentro que reunió a investigadores, psiquiatras y representantes institucionales para analizar el potencial de estas herramientas en el abordaje de los trastornos de salud mental.
La ayahuasca ocupó un lugar destacado en varias de las ponencias, especialmente por el legado científico del psicofarmacólogo Jordi Riba, cuyos más de veinte años de investigación en el Hospital de Sant Pau de Barcelona contribuyeron a demostrar su perfil de seguridad fisiológica en entornos controlados y abrieron nuevas líneas de investigación sobre su posible aplicación terapéutica y que demostró que la ayahuasca no es tóxica. En opinión de Sergio Sanz, ese cambio obliga también a quienes trabajan en este ámbito a elevar el nivel de exigencia: “La época de los gurús está llegando a su fin. Las personas ya no buscan que alguien les diga cómo vivir, sino comprenderse mejor a sí mismas. Ahí es donde creemos que está el futuro”.
