Tal y como destaca Sandra Ferrer, psicóloga sanitaria y confundadora de Migralia el temor a sufrir otro episodio puede llevar a evitar alimentos, planes sociales, viajes o compromisos laborales y mantener a la persona en un estado de alerta constante
La carga de la migraña no se limita necesariamente a las horas en las que aparece el dolor. Un estudio prospectivo publicado en Headache, realizado inicialmente con 1.519 personas con migraña, muestra hasta qué punto puede condicionar la vida cotidiana: el 92,6% de quienes respondieron al seguimiento afirmó haber tenido que cambiar sus planes cotidianos debido a la migraña durante los tres meses anteriores. Además, el miedo a sufrir una nueva crisis llevó al 20,2% a evitar compromisos laborales y al 27,3% a evitar planes sociales.
Para Sandra Ferrer, psicóloga sanitaria especializada en terapia de reprocesamiento del dolor y cofundadora de Migralia, estos datos reflejan una dimensión de la enfermedad que va más allá del propio episodio de dolor: “Cuando una persona ha sufrido muchas crisis, es comprensible que intente anticiparse a la siguiente. El problema aparece cuando esa prevención deja de ser una herramienta puntual y empieza a convertirse en un estado de alerta que acaba condicionando la vida cotidiana”.
En España, alrededor de 5,1 millones de adultos padecen migraña, lo que supone una prevalencia anual del 13,1%, según un estudio poblacional realizado a partir de datos de la National Health and Wellness Survey y publicado en 2025 en The Journal of Headache and Pain.
Más allá del episodio de dolor, la posibilidad de sufrir una nueva crisis puede empezar a condicionar la vida mucho antes: “¿Y si me da mañana?”, “¿y si me da durante el viaje?”, “¿y si no puedo trabajar?” o “¿y si esta comida me provoca una crisis?”. El miedo a volver a experimentar dolor puede hacer que algunas personas empiecen a organizar su día a día en torno a evitar aquello que identifican como un posible desencadenante, desde una copa de vino hasta determinados quesos curados, una cena tardía, un viaje o incluso determinados planes sociales.
Esta relación entre migraña y miedo a futuros ataques ha sido objeto de investigación. Un estudio publicado en 2022 en la revista Headache, realizado con 387 personas con migraña, identificó tres dimensiones diferenciadas del miedo a los ataques: el temor a sus consecuencias negativas, la atención y anticipación constante ante una posible crisis y las conductas de miedo y evitación.
Cuando evitar la migraña empieza a ocupar demasiado espacio
La anticipación puede manifestarse de formas muy cotidianas. Revisar constantemente cómo se encuentra el cuerpo, pensar si se ha dormido suficiente antes de hacer un determinado plan, rechazar una comida por miedo a que desencadene una crisis o calcular si habrá un lugar donde descansar durante un viaje son algunas de las conductas que pueden aparecer cuando la preocupación por una nueva migraña gana peso.
No significa que todas estas situaciones sean desencadenantes de una crisis ni que evitarlas permita prevenir necesariamente la migraña. El problema, según Ferrer, aparece cuando la necesidad de evitar cualquier posibilidad de dolor acaba convirtiéndose en una forma de vivir en alerta.
“Hay personas que terminan tomando decisiones no porque realmente no quieran hacer algo, sino porque piensan que hacerlo puede aumentar el riesgo de tener una crisis. Poco a poco, el objetivo deja de ser vivir y pasa a ser evitar que ocurra algo que quizá ni siquiera vaya a ocurrir”, señala Sandra Ferrer.
Cuando el miedo empieza a condicionar las decisiones
La anticipación no se limita a una preocupación puntual antes de un determinado plan. Puede acabar influyendo en decisiones cotidianas: qué hacer durante el fin de semana, si aceptar una invitación, si viajar, qué comer o incluso si asumir un determinado compromiso laboral.
“Estos datos muestran que la carga de la migraña no se limita al momento del ataque. También puede estar presente en forma de anticipación, renuncias y decisiones tomadas para intentar que la próxima crisis no suceda”, explica Ferrer.
Un cerebro que aprende a anticiparse al dolor
Desde el enfoque de la neurociencia del dolor, la anticipación tiene además una explicación relacionada con la forma en la que el sistema nervioso aprende. Cuando una persona ha experimentado repetidamente dolor en determinadas circunstancias, puede desarrollar una mayor vigilancia ante las sensaciones corporales y ante aquellas situaciones que asocia con una posible crisis.
“Si alguien vive con miedo a que vuelva a aparecer el dolor, ese miedo puede mantener al sistema nervioso en un estado de alerta constante. Cada sensación corporal puede interpretarse como una señal de amenaza y, con el tiempo, esta respuesta de alarma puede contribuir a mantener y amplificar la experiencia de dolor, incluso cuando ya no existe un desencadenante concreto. Por eso es importante diferenciar entre protegerse de un desencadenante conocido y vivir permanentemente pendiente de que aparezca el dolor”, apunta Ferrer.
Recuperar la seguridad más allá del control
Para Migralia, abordar esta dimensión no significa negar la existencia de desencadenantes ni pedir a las personas con migraña que ignoren sus síntomas. El objetivo es comprender qué papel tienen el miedo, la hipervigilancia y la anticipación en la experiencia de la migraña y evitar que la necesidad de controlar cada variable termine limitando la vida cotidiana.
“Una persona no debería tener que preguntarse antes de cada plan si podrá permitírselo por miedo a que aparezca una migraña. Recuperar cierta sensación de seguridad también forma parte de recuperar espacio para hacer vida normal”, concluye Sandra Ferrer.
Acerca de Migralia – https://migralia.es/
Migralia es un programa sanitario especializado en el abordaje clínico-emocional de la migraña, basado en neurociencia, neuroplasticidad, epigenética, psicología, terapia de reprocesamiento del dolor, y en metodologías respaldadas por evidencia. Su enfoque no farmacológico actúa sobre los mecanismos neurobiológicos y los patrones de alerta del sistema nervioso implicados en el dolor crónico. El equipo, formado por profesionales sanitarios en psicología, bioquímica y fisioterapia, trabaja para regular el sistema nervioso, reducir la hipervigilancia y promover cambios sostenidos en el tiempo. A través de un proceso online estructurado, Migralia acompaña a personas con migraña recurrente que buscan una intervención rigurosa, segura y orientada al origen del síntoma sin depender de nada externo al individuo para disipar el dolor y encontrarse bien.
Acerca de Sandra Ferrer
Sandra es psicóloga sanitaria especializada en terapia de reprocesamiento del dolor aplicada a la migraña y cofundadora de Migralia. “Sufría migraña desde los 12 años. Había llegado a tener hasta 18 episodios al mes que me invalidaban y me hacían vivir con miedo a la próxima crisis. Poder revertir el dolor con recursos neuroplásticos que no se venden en las farmacias ha sido el motor de Migralia”.

